Esta mañana asistimos al vergonzoso espectáculo protagonizado por el trío Cotino-Blasco-Barberá en Les Corts a colación del Cabanyal. Si no fuera por la gravedad del asunto, la función en el hemiciclo valenciano podría ser catalogada de parodia política a la valenciana; sin embargo, el análisis de las arengas lanzadas por Blasco y Cotino desde el atril contra el Estado de Derecho y la Democracia deja en evidencia la irresponsabilidad de unos políticos que son capaces de poner en peligro la salud de las instituciones que garantizan la convivencia.
Una peligrosa senda por la que le ha seguido la alcaldesa de València al arremeter de manerda vil, desde el pedestal que le otorga su cargo, contra unos ciudadanos que ejercen su legítimo derecho a defender su barrio, que es el de tod@s l@s valencian@s. Desde la sala de prensa ha comparado a la plataforma Salvem El Cabanyal con los terroristas de ETA sin darles la oportunidad de réplica. Así entiende Barberá la democracia.
Y así debe entenderla el presidente de la Generalitat que se ha pasado por el forro el debate para asistir a la inauguración de un agujero de la línea 2 del metro. Si tan importante es la cuestión del Cabanyal para la integridad de l@s valencian@s no se entiende su ausencia del pleno extraordinario. Eso sí, se ha dejado caer por Les Corts para votar y fundirse en un abrazo envenenado con la alcaldesa de València, que como bien ha dicho Carmen Alborch “actúa como una apisonadora que ni piensa, ni siente, ni respeta”.
Ah, y de l@s casi 500.000 parad@s valencian@s ni mu, es decir, ni un sólo debate extraordinario ni una sola comparecencia de Camps para explicar qué medidas ha puesto en marcha su Consell.














